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Modelando el diálogo cristiano

Escrito por la Dra. Joannie DeBrito, especialista en apoyo familiar.

¿Recuerdas ese viejo dicho: “Los palos y las piedras pueden romperme los huesos, pero las palabras nunca me harán daño”? Siempre me he preguntado quién lo escribió, y me preocupa seriamente el nivel de inteligencia y comprensión de la experiencia humana de su autor. Creo que es una de las afirmaciones más ridículas que se han hecho jamás.

Las palabras SÍ duelen, especialmente las críticas, degradantes, abusivas, insultantes y desagradables. Prácticamente todos mis colegas profesionales de la salud mental pueden dar fe de ello después de escuchar a sus clientes lamentarse repetidamente por las palabras que les han hecho daño, por no hablar de millones de padres y abuelos.

¿Cuántas veces, como padre o abuelo, te has sentado con tu hijo o nieto y le has consolado mientras te contaba algo desagradable que le habían dicho y que le había causado una herida profunda y duradera?

Sé un ejemplo

El mes pasado escribí sobre la importancia de enseñando a nuestros nietos los principios bíblicos por lo que hacemos y cómo nos comportamos. Mencioné que los niños tienden a aprender más de cómo nos ven comportarnos que de lo que les decimos que hagan.

Sin embargo, sigue siendo muy valioso hablar con nuestros hijos y nietos. En este blog, quiero hablar sobre CÓMO hablar con ellos para que podamos cumplir con el tema de Legacy Coalition para el mes de agosto: Ser un ejemplo. Nuestras conversaciones con nuestros hijos y nietos deben emular el diálogo cristiano en varios aspectos.

Gracia y Verdad

Revisemos los dos conceptos que caracterizan el ministerio de Jesucristo: GRACIA Y VERDAD.

La gracia bíblica se refiere al favor inmerecido. Jesús extendió su gracia a las personas con las que interactuaba, aunque estas merecieran consecuencias dolorosas por sus acciones. Tenga en cuenta que Jesús no buscaba castigar a las personas por sus indiscreciones. Más bien, quería mostrarles cómo vivir fuera de la voluntad de Dios les causaría dolor.

Debemos tener esto en cuenta y utilizar un lenguaje lleno de amabilidad con nuestros hijos y nietos cuando creamos que es necesario hablar con ellos sobre algún tema que nos preocupa. Utilice esta fórmula:

  1. Haz preguntas para conocer la preocupación desde su perspectiva.
  2. Sé empático en tu respuesta, diciendo algo como: “Debió de ser difícil para ti” o “Entiendo lo que te motivó a hacerlo”.”
  3. Comunique la VERDAD sobre cuáles son las posibles consecuencias de la acción en cuestión, por ejemplo: “Debido a esto, he perdido parte de la confianza que tenía en ti y tendrás que esforzarte para recuperarla”.”

En el ejemplo anterior, su objetivo no es tener “la razón”, sino animar a su hijo o nieto a desarrollar características propias de Cristo, como la honradez.

Haga hincapié en la creación de relaciones sólidas.

Jesucristo se propuso deliberadamente construir relaciones amorosas con los seres humanos. Nuestras conversaciones con nuestros hijos y nietos deben tener presente esa intención. Cuando hablamos con los miembros de nuestra familia, debemos pensar en cómo lo que decimos puede dañar la relación o fortalecerla.

El uso de un lenguaje destructivo obviamente hará que los demás se sientan ridiculizados y expuestos, o en otras palabras, inseguros en nuestra presencia. Por el contrario, el uso de palabras, expresiones faciales y un tono de voz que comuniquen amor, apoyo y aliento contribuye a crear relaciones sólidas y de confianza.

Observe la diferencia entre estas dos formas de hablar con una persona adicta al alcohol. ¿Cuál es más probable que cause más dolor y daño? ¿Cuál es más probable que anime a la persona a buscar ayuda?.

Respuesta destructiva: “¡No eres más que un borracho! Has arruinado mi vida, la vida de tu abuelo, la vida de tus padres, y si no te espabilas ahora, vas a terminar en la calle, solo y sin nada, y a ninguno de nosotros nos importará. Tú te lo has buscado.’

Respuesta amorosa: “Sé que estás pasando por un mal momento y que yo no puedo arreglar las cosas, pero quiero ayudarte. Me da miedo pensar en lo que te podría pasar si no consigues dejar de beber. Te quiero y creo que puedes mejorar. ¿Qué puedo hacer para ayudarte? Estoy dispuesto a acompañarte en este proceso”.”

Aprovecha cada oportunidad para comunicarte de manera positiva.

Los seres humanos tendemos a obsesionarnos con los comentarios negativos que recibimos. Se necesitan varios comentarios positivos para contrarrestar el dolor de una crítica desagradable. Por lo tanto, como abuelos, debemos aprovechar cada oportunidad para fijarnos en nuestros hijos y nietos y hablar con ellos sobre:

  • El agradecimiento que sentimos por las muchas formas en que enriquecen nuestras vidas.
  • Fortalezas y dones divinos que vemos en ellos.
  • Momentos en los que notamos que muestran un carácter semejante al de Cristo. Incluya ejemplos de cuando son amables con sus hermanos o nos responden de manera respetuosa.
  • Situaciones en las que vemos su fe en acción

Deja que el amor sea tu guía

La Biblia nos dice que DIOS ES AMOR, y como Jesús es parte del Dios Trino, JESÚS ES AMOR.

No importa cómo te sientas, ya sea profundamente herido, temeroso o simplemente enfadado, si dejas que tus emociones hablen por ti, lo único que conseguirás es hacer daño a tu hijo o nieto. Por eso, siempre que necesites hablar con un hijo o nieto sobre algo que te preocupa, tómate tu tiempo para pensar cómo decirlo de una manera que le transmita tu amor.

Si eres como yo, es posible que necesites tomarte un tiempo para desahogar tu frustración. Cuando estés solo, libera esa emoción y piensa en lo que quieres decir de una manera cariñosa y amable. Tomarte ese tiempo extra dará sus frutos en forma de confianza y comprensión.

Deja que tus palabras ser un ejemplo de la gracia, la verdad, la construcción de relaciones, el aliento y el amor de Cristo. Recuerden, las palabras duelen y son importantes. Seamos un ejemplo de comunicación cristiana con nuestras familias y con los demás.

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